En la mañana del 22 de mayo de 1879 el cadáver de Arturo Prat estaba tendido en la acera que hay entre el muelle y la aduana, en Iquique. Un ciudadano comedido y amable, lo sepultó.
La pregunta es: ¿de qué sirvió la muerte de este hombre con apenas 31 años? ¿De qué sirvió la muerte de sus compañeros?
Al fin de cuentas ¿el honor vale algo en esta sociedad materialista?.
Alguien me dice con un gesto de nostalgia: “hoy el honor es un valor en decadencia. Ya nadie muere defendiendo algún principio.”
Fin de semana largo. Leo un poco la historia de nuestro país y descubro la importancia vital que tuvo la muerte de don Arturo Prat en esos días en que Argentina estaba a punto de apoyar la confederación Perú-Bolivia. Es posible que todo hubiese sido considerablemente distinto, y no para mejor. Una gran guerra en Sudamérica. Cruel, impredecible y nefasta como lo es toda guerra.
Nunca podremos comprender lo que le debemos a Prat.
(Leo Historia de Chile de Francisco A. Encina tomo 31)
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