Definitivamente nos hemos ido transformando en una mala copia calcada por la ambición de la época.
Las casas comerciales (conste que no tengo nada contra esa esforzada actividad) se llenan de unos disfraces aparatosos, remedos de películas de terror que esperan la llegada de Halloween, día designado para las elecciones municipales.
Las discotecas se preparan para la anunciada fiesta que les reporta las mejores ganancias del año, mejores incluso que las del Año Nuevo.
Algunos alegan que esta fiesta está reñida con la moral, que no corresponde a nuestra idiosincrasia, en fin, razones más o menos no quitarán el deseo de pasarlo bien (¿?) después de la lata de ver cómo cuentan los votos y celebran los ganadores (en este caso todos lo serán, como buenos políticos que son).
¿Qué tengo yo que ver con Halloween?
sábado, octubre 30, 2004
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