Dios no necesita a la religión ni sus ceremonias.
Más aún, no necesita alabanza.
Ni nuestras gastadas y superficiales palabras.
Él es suficiente a sí mismo.
Los fanáticos creen que su entusiasmo atrapará el Espíritu que sopla.
Error de interpretación.
Dios ama y busca sólo dos clases de personas.
Uno: alguien que se ponga en la brecha a favor de la tierra, o sea, un valiente que interceda y clame por el mundo (y vaya si lo necesitamos).
Dos: Adoradores. En Espíritu y de verdad. Individuos que hagan un espacio en la tierra para su magnífica presencia.
Lo demás es pura retórica. Bonita, pero estéril.
lunes, octubre 04, 2004
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