Las tardes están húmedas; otro otoño y otros árboles desnudos. Como Heráclito y Borges “nunca el mismo río”. Las manos se resisten al frío que va metiéndose en los huesos como un visitante molesto. Han desaparecido las trabajólicas hormigas que se llevan todo el azúcar o algún bistec que se quedó fuera del refri.
Me propongo este año leer toda la Biblia, desde Génesis al Apocalipsis. Alguien puede dudar de mi capacidad lectora y le voy a encontrar toda la razón. Leer es casi un artículo de última necesidad, según algunos. Para mí es de primera necesidad.
Leer es un don del cielo.
Necesitas ojos (otro día vamos a hablar de Jocelyn, mi amiga ciega).
Necesitas estar alfabetizado.
Y un libro.
Un libro que te lleve a otros mundos, que te haga viajar por países exóticos y mares procelosos (como dice una obsoleta canción). Un libro es el viaje más económico, bello y placentero que a Dios podría ocurrírsele.
Por eso dejó sus palabras en un libro -¡y vaya qué libro!- Y quiero saber qué piensa.
miércoles, abril 14, 2004
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