La inventiva humana es casi ilimitada. Leo en el periódico algo que te parecerá insólito, creativo y a la vez gracioso. Luo Jun, un ciudadano chino ha creado un bar donde cualquier hombre puede acudir allí…a llorar (en China, por supuesto).
Resulta curioso, por decir algo, que si bien es cierto, nadie impide llorar a los varones, no es muy bien visto hacerlo en público, en especial en nuestros países latinos, donde se estila el “mero macho” que, entre otras cosas “no llora”. Desde niños oímos la cantinela de las madres, padres, parientes, como una rutina implícita en los genes familiares de estos pueblos “los hombres NO lloran”.
Las mujeres pueden hacerlo a gritos, si quieren, en funerales, bodas, misas y otras reuniones sociales más o menos “encebolladas”; tienen la licencia de aprovecharse del momento sin que sea mal mirado, pero los hombres, por favor, guarde la compostura, mi cuate.
El Cry Bar (que es como se llama el sitio) además de pañuelos, ofrece otros servicios adicionales, como una mano en el hombro, un abrazo fraterno, una voz que te va diciendo mientras lloras, a intervalos de tiempo regulares, "no pasa nada... tranquilo... no te preocupes... son 50 yuan" (6 dólares x hora)
http://integridad.com
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