Aspiro a un día feliz.
Perfectamente feliz.
Un día sin televisión, ni siquiera de lejos. Un día sin ninguna radioemisora tocando discreta o insistente. Sin el teléfono que invada con mensajes importunos. Sin correspondencia (especialmente esos sobres con cuentas por pagar), sin microbuses llenando el ambiente de estridencias. Sin el típico bocinazo de algún automovilista prepotente. Sin el equipo de música llenando los oídos de música lejana, ni siquiera de blues. Sin vecinos distrayendo el tiempo con conversaciones triviales.
Aspiro un día en perfecta soledad.
Sólo el grito de los queltehues interrumpiendo la meditación; el ladrido de los perros y la campanilla del vendedor de algodón dulce. A lo lejos, tal vez la risa de un pequeño que corre detrás de un volantín “cortado” y el saludo impertinente del zorzal que me visita asiduamente tocando la ventana.
Un libro abierto, el Libro en todo su esplendor, el pensamiento persistente, el tiempo detenido y el Espíritu soplando.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
Gracias.
Todavía no nos reponemos de una y viene otra, como una ola de imágenes que nos arrastran a la angustia y la consternación. Se nos mueve el p...
-
A los 12 años mi madre me llevó a la playa. Me sentí igual que Balboa cuando vio el mar Pacífico por primera vez. Y como él di gracias a Dio...
-
Aspiro a un día feliz. Perfectamente feliz. Un día sin televisión, ni siquiera de lejos. Un día sin ninguna radioemisora tocando discret...
-
Uno de los días más radiantes que recuerdo es cuando conocí Valparaíso. Se han llenado miles de páginas describiendo la belleza, la nos...
1 comentario:
Ahora que detalló con minuciosidad ese día que tanto añora, comparto ese mismo deseo.
Suena algo bastante soñador...
Sí encuentra un lugar asi, por favor hágamelo saber.
¡Ah!...
sé mejor que nadie que el último amor nunca es el último.
Por eso escribí lo que escribí.
Publicar un comentario