lunes, junio 07, 2004

En viaje.

Cuando ya había leído los libros más inverosímiles, quise enterar el resto de mi vida en algo importante, profundo, grande; algo que me hiciera olvidar este anodino acontecer de mujer trabajadora, contribuyente año a año y escritora frustrada.
Primero pensé aprender a volar alas delta. Pero sufro de vértigo, así es que lo descarté de inmediato. Lo mismo con el benji y el paracaidismo. No, ese no era el camino.
Luego pensé en la música, que me apasiona tanto como la lectura. Pero me falla un oído y tengo voz de pito.
Y la pintura. Lo intenté y algo he hecho. Hay un placer insólito en la paleta de bellos colores. Pero la “economía social de mercado” (léase importaciones del lejano Oriente) mermó mi capital. Como dicen en el sur “con dinero se compran huevos”, hasta ahí llegué con el arte. De hambre no soy capaz de morir, como los artistas bohemios y despreocupados del vil metal.
Respecto a las posibilidades de dedicarme a la vida mundana, fiestas, drogas, sexo y alcohol, lo consideré muy improbable. Me provocan náusea los olores fuertes, y las fiestas tienden a deprimirme. Además soy demasiado tímida para la vida social.

Así es que, agotado el espectro de mis cortas posibilidades (no soy ni rica ni de familia noble que me mantenga), descubrí lo perfecto para mí. Lo que estaba ahí, esperando siempre con santa paciencia, al alcance de mi mano: El Libro.
Lo había leído desde mi infancia, había aprendido de él muchas palabras y espeluznantes historias (dime si no lo es la historia de la concubina que cortan en pedacitos). De pronto algo me sucedió. Una avidez desconocida, una urgencia extraña. Como si las páginas me llamaran en una invitación fascinante al más espectacular viaje. No pude resistir. Me lancé al Génesis como si jamás lo hubiese leído. Luego el Éxodo y así he seguido, alucinada.

Aquí estoy, inmersa y perdida en las páginas del Libro. Hambre y comida; lágrima y risa; gloria y desasosiego. ¿Qué quieres?, me he marchado ineludiblemente hacia un mundo desde donde no pienso volver. Así es que si algún día no aprezco por esta página, aviso que estoy viajando. Y tal vez (tengo la esperanza) me suceda lo de Enoc.

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Gracias.

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