domingo, junio 06, 2004

Una invitación especial para mi amable lector (a)

Como ya te habrás dado cuenta, creo en Dios.
No en una entidad medio kafkiana, allá lejos en algún cielo sempiterno e inalcanzable. Creo en un Dios que de alguna manera desea comunicarse con las personas.
De otra manera ¿para qué nos crearía?
¿Para dejarnos vagar por la historia, sujetos a nuestras propias pasiones e incertidumbres?

Creo en un Dios bueno.

Es en esa bondad que Él afirma: “Dios, que muchas veces y de varias maneras habló a nuestros antepasados en otras épocas por medio de los profetas, en estos días finales nos ha hablado por medio de su Hijo.”

Habló Dios a Noé, a Abraham, a Moisés, a David, a Salomón, a Pablo… y a mi abuela Juana. Habló con ellos y por medio de ellos.

Creo que Dios habla hoy por medio de esa Palabra “inspirada” (respirada, infundida, influída, iluminada) que nos dejó.

¿Por qué no abrir el Libro y conocerle si Él desea nuestro bien?

Hay una bendición especial para el que lee.
Favor, mira en Apocalipsis 1: 3 “Bendito el que lee esta profecía y benditos los que la escuchan y la guardan, porque la hora de su cumplimiento ya está cerca”.

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Gracias.

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